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¡ Disfrútando!

Me voy a hacer un poco de ejercicio, ya toca. Empiezo a correr por el camino pedregoso que hace frontera entre la playa y la vía del tren. Un camino lleno de piedras y pequeñas rocas, con salientes, nada liso al pisar en cada zancada. No siento la irregularidad del camino, simplemente corro y pienso en el proyecto que tengo pendiente para entregar esta noche. Mi pulso se acelera, mis piernas se empiezan a cansar, mis músculos se tensan, siento calor, empiezo a sudar.

Veo un espigón que divide la playa, está lejos, quiero llegar hasta allí. Ya no pienso en el proyecto pendiente, ni en el sudor, ni en el cansancio, solo en llegar hasta ese espigón que penetra en el agua, quebrando la playa, protegiendo la arena de la playa para que no sea arrastrada.

Al dejar el camino y andar por la arena hacia las rocas me doy cuenta, no hay huellas en la arena, nadie ha pasado por allí, mis pies se hunden, mis músculos de las piernas se tensan aún más, parece que la arena agarre y tire de mis piernas para anclarlas, sigo, solo pienso en llegar a las rocas.

Se acaba la arena y tengo que empezar a vigilar cuidadosamente donde poner mis pies, un mal paso me podría resultar muy doloroso, incluso mucho más ya que no hay nadie en la playa. Esto te hace pensar en la prudencia, es necesaria, pero demasiada daría paso al miedo y te quedarías en la arena, sin poder llegar donde quieres.

Voy hasta la punta del espigón, veo una roca cortada de forma lisa con cierta inclinación que parece invitarme a que me tumbe encima de ella. Me tumbó…, cierro los ojos, mis músculos se relajan, mi respiración se tranquiliza. Estoy casi tumbado horizontalmente.

Siento el aire en mi cara, oigo la brisa, oigo las olas como rompen contra las rocas. Abro los ojos, veo el cielo azul con diferentes tonalidades mezcladas con el blanco de las nubes. Observo atentamente las nubes parecen bailar por el cielo, algunas se cruzan con otras, se mezclan, se acarician, se funden. Forman parte del cielo, forman parte de todo. Sigo oyendo las olas, siento el viento suave como me arrulla, siento libertad, siento tranquilidad, siento relajación, relajación que me permite pensar.

Tan solo pienso, pienso “yo también formo parte de todo”. Pienso en las nubes, como bailan, sin prisas, lentas pero a paso constante, libres.

Levanto la cabeza, veo el horizonte donde se une el cielo con el mar y ahora dirijo mi atención hacia el agua. No está muy agitada pero tampoco está tranquila, me recuerda a la vida, me recuerda cómo puede cambiar de rápido.

Veo un velero hacia lo lejos, recuerdo conversaciones especiales, momentos especiales. Recuerdo como nosotros somos pequeños veleros en la agitación o tranquilidad del mar, cómo podemos dejarnos llevar por las olas y las corrientes o cómo podemos dirigir nuestro rumbo hacia puertos concretos. Siento alegría, siento libertad, siento grandeza, siento el poder de tomar decisiones para ir en una dirección.

Vuelvo a tumbar mi cabeza, vuelvo a ver el cielo con sus tonalidades, vuelvo a ver las nubes. ¡Disfruto!Siento, solo siento… siento mi respiración, siento la calidez del sol que parece haber conspirado con el viento para dar la sensación más agradable que pueden combinar los dos. Siento gratitud, siento que faltan las palabras, emociones, sensaciones y sentimientos para describir este momento.

Suena el silbato del tren, es momento de dejar atrás todo esto. ¿Dejar atrás? Atrás se deja todo lo que te incomoda, lo que te inquieta, lo que te pertuba, lo que te molesta, lo que te hace sentir mal. Esto tan agradable te lo llevas…, te lo llevas contigo para siempre, las cosas buenas, los buenos recuerdos, las buenas sensaciones, los momentos únicos, las conversaciones especiales, te lo llevas.

Me levanto, giro mi cuerpo hacia el sol, cierro los ojos, me pongo con los brazo abiertos, dejo que el sol tome todo mi cuerpo, oigo las olas romper contra las rocas, oigo las olas acariciar la arena, oigo el viento como me susurra al oído y siento la vida, la vida en forma de cálida temperatura en todo mi ser.

Debemos disfrutar de estas “Grandes cosas” que tenemos cada día.

Vuelvo hacia el camino, veo mis pisadas en la dirección opuesta, voy siguiéndolas como si volviera sobre mis pasos pero siendo otra persona, una persona con algo distinto, algo ha cambiado, como en la vida, podemos volver por sitios donde hemos estado, podemos hacer cosas que hemos hecho pero si volvemos ya no somos los mismos que cuando lo hicimos la primera vez, si no salió como queríamos ahora tenemos más destrezas y ahora nos va a salir mejor, si nos salió bien, lo podemos repetir, incluso mejorar.

Llego al camino pedregoso, siento las piedras, siento en mis pies la irregularidad del suelo, pequeños obstáculos que podemos encontrarnos que simplemente pueden estar allí porque nos llevan a algún sitio maravilloso.

Vuelvo a correr, vuelvo a pensar en el proyecto pendiente, vuelvo a casa siendo alguien distinto. Llevo más cosas maravillosas ahora, tengo otro momento especial que recordar para poder compartir y otra experiencia inolvidable, simplemente por ir a correr por la playa.