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Hace unos días en el trayecto que iba en el tren, de Barcelona a Sant Pol de Mar empecé a charlar con un chico de Brasil. Empezamos a hablar y en un momento de la conversación me dijo que a las 22 horas tenía que volver al centro penitenciario donde estaba recluido, aunque me asombré su rostro y expresiones daban a entender lo que para mí es “una buena persona”, así que decidí seguir hablando con él, tan agradablemente como habíamos estado hasta ese momento, sin enjuiciar. A lo largo de la conversación me explicó como hace un par de años alguien le ofreció ganar 6.000 €. “fácilmente” i tanto su novia como él aceptaron. Al llegar al aeropuerto de Barcelona les hicieron una placa de rayos-x descubriendo la droga que llevaban introducida en su cuerpo. Una condena de 8 años y ahora en breve podía disfrutar de la condicional.

Este chico que aparentaba mucha menos edad de la que tenía me relato algunas vivencias en la cárcel, como la de que había conseguido tener permisos antes de lo esperado por buena conducta, esto suponía algún día no comer para tener conflictos con otros presos. También como trabaja y estudia en la cárcel. Podría dar algunos detalles más de la conversación pero lo que más me impacto fue cuando me dijo “he aprendido una muy buena lección a mi edad, a un precio muy alto pero he aprendido”, unos minutos después llegaba a su estación de destino. Se bajo, me miro, me agradeció de nuevo que le indicara donde tenía que bajar y se bajo del tren. Yo me quede reflexionando. A veces no podemos evadir las consecuencias de una decisión y aunque nos puedan parecer dolorosas, lo son por la interpretación que nosotros les damos. Ese chico estaba en una situación que a algunas personas se les haría difícil de soportar pero él lo veía como una forma de aprendizaje. Mi reflexión fue: No es lo que nos ocurre si no el sentido que nosotros le damos a lo que nos sucede y seguí buscando como poder dirigir el sentido que le damos a la experiencia de tal forma o en la dirección que para cada uno de nosotros sea más edificante.

Y pensé: ¿Qué sentido le das a los sucesos que te ocurren?, ¿me ayuda este sentido a alcanzar lo que deseo?, ¿De qué forma está experiencia me acerca hacia donde quiero ir?